FREDDY: COFIDENCIAL

FREDDY: CONFIDENCIAL

Nos encanta Freddy Krueger, la saga “Pesadilla en Elm Street” y todo lo que la rodea. Por eso, en FANCINE nos hacía tanta ilusión poder abrir nuestro primer número con algún reportaje especial sobre la terrorífica saga de Wes Craven y su protagonista. Nosotros hemos visto hasta la saciedad la colección completa, incluyendo rarezas como “Las Pesadillas de Freddy, La Serie”, desvaríos como “La nueva Pesadilla de Wes Craven”, imposibles como “Freddy contra Jason” o directamente infumables como “Pesadilla en Elm Stret, El Origen”. Pensaba que podríamos hacer un artículo hablando de las películas, analizándolas o criticándolas como se ha hecho durante más de treinta años, o haber puesto a parir la serie con la que, a finales de los ochenta y principio de los noventa, tan poca justicia hicieron al personaje de Craven. Otra opción para abordar el tema con algo más de originalidad era la de hacerlo a través de los comics de “Pesadilla en Elm Street”, con una serie publicada en España en el año 1992 y otra más moderna de 2007, o incluso a través de los relatos que componen el libro “Los siete sueños de Freddy Krueger”, un ejemplar editado por Martin H. Greenberg y que reune siete cuentos inspirados en la saga cinematográfica y que tienen como protagonista al famoso psicópata de Elm Street.

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Entonces, exhausto por el enorme esfuerzo mental que me estaba suponiendo el especial sobre “Pesadilla en Elm Stret”, fui cayendo en un profundo sueño. Me encontraba en una vieja sala de calderas, donde todas las tuberías parecían conducir vapor y que misteriosamente estaba alumbrada por tenues bombillas rojas y verdes. En el sueño, que acabó siendo una pura pesadilla, un loco sádico abrasado y con sombrero me perseguía con la intención de clavarme las cuchillas de su guante asesino.  Entre guiños a mil películas de Hitchcock, Spielberg o los Monty Python, yo escapaba a toda prisa de Krueger,  que de pronto aparecía delante de mí otra vez, burlándose y prolongando mi tortura de forma innecesaria.

Decidí que a mis treinta y dos años era el momento de dejar de huir del terror que me producía “Pesadilla en Elm Street” y decidí plantarle cara a aquel psicópata de una vez por todas, pues yo ahora tenía un arma que el villano desconocía. Algo capaz de desnudarle y evidenciar sus puntos débiles dejándole a la altura del ridículo. La sala de calderas parecía desierta pero el chirrío de las cuchillas sobre el metal de las tuberías indicaba que un maníaco andaba suelto en mi pesadilla. Oí un ruido detrás de mí, y fue tal el susto que me llevé que aún recuerdo el dolor al golpearme con la escalera (el dolor en aquel sueño era tan real como el que producía a sus víctimas en la saga cinematográfica). Entonces me giré de nuevo y el monstruo apareció justo delante de mí, lanzándome una inesperada cuchillada que conseguí esquivar en el último segundo recordando como su guante cambiaba inesperadamente de mano. Aproveché ese momento para huir de nuevo y el asesino comenzó a perseguirme con un paso torpe que por momentos se hacía más rápido de lo que a mí me hubiese gustado.

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Después, el escenario cambió por arte de magia y de pronto me encontré en el interior una casa. Nunca había estado allí, pero sabía perfectamente dónde estaba. Era la famosa casa de la primera película y, si no me equivocaba, Freddy subiría ahora por esas escaleras de madera. Como si me hubiera leído el pensamiento (o yo se lo hubiera leído a él), Krueger subía en dirección al pasillo y yo decidí arrojarme por la ventana desde el segundo piso, sabedor de que al caer me levantaría de nuevo intacto gracias a la colchoneta que amortiguaría la tremenda caída. Freddy se asomó por la puerta principal de la casa y pronunció una frase que aun resuena en mi mente cada noche antes de dormir:

“Volveremos a vernos en tus pesadillas.”

Desperté y entendí que esta vez me había salvado el documental “Freddy: Confidencial”, de la HBC. Supe que tenía que ponerme a transcribirlo cuanto antes y empezar a hacer capturas de pantalla como alma que lleva el diablo, pues sí que teníamos algo realmente bueno que ofrecer a un público que en su mayoría seguramente ya conocía las películas de la saga, y era el contenido de aquella cinta de no más de quince minutos, en la que se desvelaban todas las características, curiosidades, guiños y errores de las más de siete horas de metraje de terror que abarcan desde “Pesadilla en Elm Street” hasta “Pesadilla Final, La muerte de Freddy” (Pesadilla en Elm Street 6). Os invitamos a todos a ver el documental de nombre “Freddy: Confidencial”, del que hemos extraído la información para hacer el siguiente reportaje y que podéis encontrar al final del reportaje. A mí una vez me salvó la vida.

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Y ahora, esperamos que disfrutéis con este “cómic-documental”.

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(Guión original de Tony Partearroyo producido para televisión por HBC)

 

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